Confemetal presentó recientemente su 17º Informe de Sentimiento Económico del Sector Metal, elaborado a partir de una encuesta entre organizaciones y empresas del sector, con el objetivo de reflejar su percepción y expectativas sobre la evolución de la actividad económica en aspectos como la facturación, el empleo, las exportaciones y los costes. El informe considera una escala de cinco posibles niveles de respuesta —descenso significativo, descenso leve, estabilidad, aumento leve y aumento significativo—, medida en un rango de 0 a 100, en el que 50 representa el punto de equilibrio.
Según se desprende del análisis de las respuestas obtenidas, el metal afronta el tercer trimestre del año en un contexto de menor actividad, debilidad exportadora y costes todavía elevados, todo ello en un escenario marcado por la incertidumbre económica internacional. Mientras las exportaciones mantienen una evolución débil, con una previsión de 37,5 puntos para el tercer trimestre, el empleo continúa mostrando una mayor fortaleza (51,8). De esta forma, se reafirma como el indicador más resistente, evidenciando la voluntad de las empresas de mantener el empleo e incluso ampliar sus plantillas ante las necesidades de producción y de talento. Así lo demuestra también la evolución del empleo en la industria del metal según los datos de afiliación a la Seguridad Social. Hasta junio, el número de afiliados por cuenta ajena aumenta en casi 20.000 trabajadores, lo que supone un incremento del 2,3%.
Por otro lado, aunque las previsiones apuntan a una cierta moderación en el ritmo de crecimiento de los costes energéticos, logísticos y de materias primas, estos continúan en niveles elevados y, por su volatilidad, siguen condicionando la actividad empresarial. Según los resultados de la encuesta, el coste de la energía pasa de 71,4 puntos en el segundo trimestre a una previsión de 66,1 puntos para el tercero; el transporte, de 78,6 a 67,9 puntos; y las materias primas, de 83,9 a 73,2 puntos. En este contexto, los asociados señalan que el incremento registrado en la facturación durante determinados periodos no ha respondido necesariamente a una mayor actividad ni a un aumento real de los volúmenes vendidos. En cambio, apuntan al encarecimiento de los insumos, las materias primas y otros costes de producción.
En consecuencia, una mayor cifra de negocio no siempre se ha traducido en una mejora equivalente de la situación económica de las empresas. De hecho, la facturación se situó en 39,3 puntos en el segundo trimestre de 2026, por debajo del umbral de estabilidad fijado en 50 puntos y en mínimos de la serie histórica. Para el tercer trimestre, la previsión mejora ligeramente, hasta los 41,1 puntos, aunque continúa en terreno contractivo.
De forma paralela, el indicador de cifra de negocios del metal apunta a un crecimiento moderado del 0,3% acumulado en el año, mientras que los precios industriales se han incrementado un 0,7%. Esta evolución refuerza la idea de que el aumento nominal de la facturación debe interpretarse con cautela, ya que puede estar más vinculado al efecto precio que a una mejora efectiva de la actividad. A esta situación se suman factores como la incertidumbre sobre la evolución de la demanda, la debilidad de los mercados exteriores y la creciente carga burocrática y administrativa, aspectos que las empresas identifican como obstáculos para la inversión, el crecimiento y la competitividad del sector.





