Es cierto que ese anuncio ha venido condicionado a que las subastas se mantendrán mientras no se apruebe el Estatuto de Consumidores Electrointensivos, que debe permitir que nuestra industria alcance un precio eléctrico final similar al que disfrutan sus principales competidores dentro y fuera de Europa.
Las señales de alarma se multiplican: en 2018, las industrias asociadas en AEGE disminuyeron su consumo de electricidad hasta los 23 TWh, 6,4 % inferior al de 2017. En 2018 y 2019 se han anunciado cierres de plantas, varios ERE´s y reducciones de producción en varios sectores.
La industria electrointensiva está en alerta máxima, mientras espera con impaciencia que los Ministerios de Industria, Comercio y Turismo, y para la Transición ecológica aprueben el Estatuto con mecanismos, validados por la Comisión Europea, y dotación económica suficiente para lograr el objetivo de recortar los 20 €/MWh que soporta la industria española frente a la centro europea. De esta manera se evitará que el trabajo de tantos años para ganar en eficiencia energética y mejorar día a día se desmorone por los elevados costes eléctricos en España. O se apoya y fortalece a la industria en este periodo de transición energética o el país puede perder uno de los principales motores tractores de su economía.
Desde hace años, AEGE viene reclamando que se armonicen, cuanto antes, las condiciones de suministro con las de nuestros principales competidores, franceses y alemanes. Las empresas necesitamos salvar la situación en el corto plazo, tenemos que seguir produciendo en 2020 y sin perjuicio de confiar en que realmente tengamos los que nos anuncian como precios eléctricos competitivos en 2030. Nuestra industria también necesita una transición justa.
El Estatuto de Consumidores Electrointensivos debe proporcionar seguridad jurídica y certidumbre para garantizar la competitividad del suministro eléctrico a las plantas industriales y así dotarlas de un marco en el que puedan seguir invirtiendo en el país. En este sentido, recordamos la escasa o nula aplicación en España de los mecanismos de ayuda que permiten las Directrices de la Comisión Europea en materia de protección del medio ambiente y energía, así como en el contexto del CO2 indirecto.






