El abastecimiento de su principal materia prima, el acero, se ha convertido en un auténtico dolor de cabeza para la factoría de Kamax en Museros (Valencia). Un proveedor de la industria del automóvil que produce sistemas de fijación destinados a las estructuras de motos, coches, furgonetas y camiones.
Después del parón obligado por el confinamiento el año pasado y la caída del automóvil, el rápido crecimiento de la demanda ha conllevado subidas de precios y escasez del acero con el que produce sus componentes. Un problema diario para esta compañía que sirve como ejemplo de lo que están viviendo muchas de las industrias vinculadas al metal.
“Es una tormenta perfecta, está habiendo una carestía general de acero y eso a su vez provoca que suban sus precios”, asegura el director general de Kamax, Carlos Mena. “Desde que en el mes de octubre comenzó la recuperación de los niveles de la industria del automóvil, a las acererías les está costando mucho retomar esos mismos niveles de fabricación”, explica el directivo de la factoría valenciana, que pertenece a un grupo multinacional alemán con trece plantas en todo el mundo, de las que seis están en Europa. En el caso de la filial valenciana, ha llegado a recurrir a la contratación de furgonetas de reparto urgente para evitar los retrasos y no romper la cadena de suministro a sus clientes, en su totalidad empresas de automóviles y camiones que producen bajo la fórmula del just in time. “Estamos pagando lo que haga falta en la materia prima y en el transporte para no dejar sin producto”, recalca a El Economista el director general de Kamax.
La empresa cifra en un 20% de media los incrementos de precio de su materia prima, que en algún momento tendrá que repercutir a sus clientes en un sector tan competitivo y globalizado como el de la industria automotriz. La planta valenciana, que antes de la pandemia facturaba 60 millones de euros, exporta el 90% de su producción al resto de Europa, con clientes como Ford, Volkswagen, Volvo, Daimler o BMW y sus proveedores directos. Se da la circunstancia de que la empresa de Museros se abastece de acererías y proveedores españoles. Una realidad que ha hecho que de momento no se haya visto también afectada por el fuerte tirón al alza de los fletes marítimos y los retrasos que se producen en el transporte internacional de contenedores.
“En Alemania, por lo que sabemos de las otras plantas del grupo, la situación de saturación es incluso mayor”, apunta Mena, que descarta también intentar recurrir a buscar canales alternativos en el exterior. “En el caso de China la demanda está allí igual de fuerte o más. Y aunque consigas la materia prima, el problema es cómo traerla aquí”, resume.








