06 de Junio de 2026

Economía y precio del metal y del acero

La necesaria reindustrialización para España y Europa, Confemetal

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La reindustrialización inteligente de Europa y de España se perfila, de nuevo, como uno de los grandes objetivos del curso. La autonomía estratégica y el refuerzo de la capacidad industrial se han consolidado como cuestiones de primer orden para dar respuesta a la combinación de tensiones geopolíticas que amenazan la paz del continente, la fragilidad de las cadenas globales de suministro y la incesante carrera de la innovación tecnológica. La organización cúpula del sector del metal en España, Confemetal, ha defendido durante casi medio siglo un principio básico y esencial: sin industria no hay futuro.

La autonomía estratégica y la competitividad industrial, en un sentido más amplio, debería asentar las bases de un futuro próspero y sostenible capaz de preservar el Estado de Bienestar, uno de los mayores valores de la sociedad europea. En un mundo en el que el comercio se ha convertido en un terreno de disputa, depender de terceros países para materias primas, componentes críticos o tecnologías esenciales supone una vulnerabilidad de primer orden. Así, fortalecer la industria desde las instituciones es, por tanto, una estrategia para que la Unión Europea pueda hacer frente a los grandes bloques globales.

La autonomía estratégica europea exige un cambio de rumbo, con un todavía necesario paso de las intenciones políticas a la realidad, a la planificación y a la inversión. Las amenazas externas han avalado el giro de la Comisión Europea que, bajo el paraguas del Informe Draghi, viene dando los primeros pasos para eliminar cargas normativas e informativas en busca de orientar su brújula de la competitividad empresarial. La pérdida de peso del valor añadido industrial respecto a la economía nacional está acompañada, además, por la limitada capacidad de la red eléctrica nacional. La amplia mayoría de la red eléctrica está saturada (el 83,4% de los nudos), lo que impide conectar nueva demanda en esos nudos. Para desarrollar y ampliar los proyectos industriales, y avanzar en una senda de descarbonización industrial que precisará electrificación, es imprescindible reforzar y digitalizar la red de distribución, incrementando su capacidad para integrar la nueva demanda eléctrica, priorizando proyectos industriales.

La actividad de la industria del metal es, esencialmente, eficiente pero electrointensiva, y precisa de seguridad en el suministro energético para dar certidumbre a las inversiones a medio y largo plazo. Sin embargo, la errática planificación política mantiene bloqueada la normativa destinada a planificar el desarrollo industrial y también limita la capacidad para ampliar o crear nuevos proyectos industriales.

El Anteproyecto de Ley de Industria que nació del trabajo del diálogo social se presentó, sobre el papel, como una gran oportunidad. Entre sus propuestas figuraban instrumentos de planificación a medio y largo plazo —la Estrategia Española de Industria y Autonomía Estratégica y el Plan Estatal de Industria—, la creación de la Reserva Estratégica de Capacidades de Producción (RECAPI), nuevas estructuras de gobernanza, apoyos a sectores de gran consumo energético e incentivos a la digitalización y la descarbonización.

Ese marco continúa alineado con las grandes agendas europeas, pero genera dudas: la posibilidad de que la burocracia pese más que la agilidad, la ausencia de compromisos claros por parte de la Administración y el riesgo de trasladar cargas adicionales al sector privado sin ofrecer contrapartidas suficientes.

Lo más preocupante es que el proyecto permanece hoy paralizado en el Congreso, bloqueado en la fase de enmiendas desde el pasado febrero. Esta inacción merma las oportunidades de la industria y alimenta la incertidumbre en un momento crítico en el que el tejido productivo necesita estabilidad, reglas claras y visión estratégica.

Retrasar decisiones supone renunciar a capacidad de atracción de inversión, mientras otros países avanzan con rapidez en sus propios planes industriales. A ello se suma la necesidad de talento cualificado, cuyo déficit genera gran preocupación entre las empresas. Confemetal persigue la reducción de la burocracia, la creación de un marco fiscal y normativo favorable a la inversión y la innovación, valorando a su vez la formación como elemento tractor para la incorporación de profesionales altamente cualificados. Si España aspira a ocupar un lugar relevante en la nueva geografía industrial, debe adoptar con claridad unos mismos principios de estabilidad regulatoria, simplificación administrativa y protección de un entorno competitivo para sus empresas.

En este escenario, conviene destacar un sector que sostiene buena parte del armazón productivo que conforma el Metal. Se trata de un sector transversal, presente en todas las cadenas de valor clave, que incide de manera decisiva —aunque silenciosa— en ámbitos estratégicos como la automoción, las energías renovables, la aeronáutica, la construcción, la defensa o las infraestructuras e instalaciones. Sin la preponderante innovación que protagoniza el metal no es posible hablar de transición energética, ni de movilidad sostenible, ni de digitalización.

La industria, conviene recordar, es la base del Estado de Bienestar gracias a la riqueza, los empleos de calidad que genera, con salarios más elevados  que el promedio, y una productividad que conviene impulsar dotando de mayor competitividad a sus empresas. Reconocer su papel resulta fundamental para comprender que la reindustrialización no puede abordarse sin reforzar específicamente a este sector.

El giro de la nueva Comisión Europea marca la dirección correcta, al igual que la incompleta intención de renovar la legislación industrial en España. Sin embargo, el tiempo de las declaraciones o los eslóganes políticos ya ha pasado. Europa se juega su autonomía estratégica y España, su competitividad futura. Reindustrializar con inteligencia significa construir un tejido productivo moderno, diversificado y sostenible, capaz de resistir crisis y aprovechar las oportunidades de la transición tecnológica y ecológica.

La inversión presente compromete el crecimiento potencial de las décadas venideras. No actuar ahora supondría condenarnos a la irrelevancia económica y comercial, a depender de terceros en sectores críticos y a perder definitivamente el tren de la competitividad global. España y Europa necesitan recuperar la confianza en su industria, reconocer el valor de sectores estratégicos como el metal e impulsar medidas eficaces que impulsen la inversión y la innovación.

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