El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), presentó ayer miércoles un nuevo estudio llamado ‘Situación mundial de los edificios y la construcción de 2022’, donde se evidencia que el sector de la construcción fue responsable de más del 34% de la demanda energética y alrededor del 37% de las emisiones de CO2 asociadas a la energía y a sus operaciones durante el año pasado. De hecho, las emisiones de CO2 relacionadas con la energía en las operaciones del sector alcanzaron un equivalente a las diez gigatoneladas de dióxido de carbono, un registro un 5% más alto que los niveles de 2020 y un 2% por encima del pico prepandémico de 2019.
Ante esta situación, la directora ejecutiva del Programa, Inger Andersen, alertó que de no reducirse las emisiones contaminantes en los márgenes establecidos en el Acuerdo de París “tendremos problemas graves”. Incluso, considera que el sector de los edificios “es un área para la acción inmediata, la inversión y las políticas para promover la seguridad energética a corto y largo plazo”
Por esta razón, el sector debe mejorar el rendimiento energético de los edificios, disminuir la huella de carbono de los materiales de construcción, multiplicar los compromisos políticos y aumentar la inversión en eficiencia energética.
LOS MATERIALES DE CONSTRUCCIÓN
El informe también estima que el acero, el hormigón y el cemento serán los principales responsables de las emisiones de gases de efecto invernadero. Y es que, actualmente, los materiales utilizados para la construcción de edificios representan alrededor del 9% de las emisiones totales de CO2 relacionadas con el consumo de energía.
Sin embargo, el sector puede reducir su impacto, por ejemplo, buscando materiales alternativos y descarbonizando materiales convencionales como el cemento.
Además, el informe señala que los efectos combinados del aumento del precio de los combustibles fósiles por la guerra de Ucrania y la crisis causada por el aumento del coste de la vida suponen un incentivo para invertir en eficiencia energética, aunque todo dependerá del poder adquisitivo.
“La solución podría estar en que los gobiernos destinen ayudas a las inversiones en edificios de baja y nula emisión de carbono a través de incentivos de carácter financiero y no financiero”, dijo Andersen.
De hecho, el informe recomienda crear coaliciones a nivel nacional entre las partes interesadas para establecer objetivos y estrategias que permitan alcanzar un sector de la construcción y de los edificios sostenibles, con cero emisiones de carbono y resistente, además de establecer códigos energéticos obligatorios entre los gobiernos nacionales y regionales





